El primer edificio que se derribó para abrir la Gran Vía, el que golpeó simbólicamente Alfonso XIII con una piqueta de oro, fue la casa parroquial de la iglesia de San José. Sobre ella, el arquitecto diocesano Joaquín María Fernández y Menéndez-Valdés proyecta un edificio de viviendas para la alta burguesía, destinando una de ellas al propio párroco, de quien toma el nombre. La planta, en ángulo muy abierto, permite una distribución lineal y sencilla de una o dos viviendas por planta. Se viene atribuyendo a Juan Moya Indígoras, si bien la documentación la firma exclusivamente Joaquín Mª Fernández, la realización de la fachada en estilo neobarroco, con el fin de enlazarla con la de la iglesia, la cual también se reformó y amplió. De ella toma los principales elementos decorativos, anunciando con su actuación una opción nacionalista que va a ser muy repetida posteriormente.



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Fecha de Construcción 1907-1910
Dirección, Calle Alcalá 41, Madrid
Barrio de Sol.
Fuentes:
Arquitectura de Madrid, Fundación COAM
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